“Si no somos humildes podemos hacer desgraciados a quienes nos rodean, porque la soberbia lo inficiona todo.

Donde hay un soberbio, todo acaba maltratado: la familia, los amigos, el lugar donde trabaja. Exigirá un trato especial porque se cree distinto, habrá que evitar con cuidado herir su susceptibilidad.

Su actitud dogmática en las conversaciones, sus intervenciones irónicas no le importa dejar en mal lugar a los demás por quedar él bien, la tendencia a poner punto final a las conversaciones que surgieron con naturalidad, etcétera; son manifestaciones de algo más profundo: un gran egoísmo que se apodera de la persona cuando ha puesto el horizonte de la vida en sí misma”

(Hablar con Dios)